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Estudia en jurídicas
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A pesar de que pueda parecer una afirmación repetitiva, es innegable que el derecho incide en todos los ámbitos de la vida cotidiana; por tanto, resulta fundamental difundir y enseñar el derecho y la cultura jurídica en todos los niveles, con el fin de fomentar su comprensión y aplicación en la sociedad. Uno de los objetivos o misiones esenciales del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) es la creación y difusión de conocimiento y cultura jurídica. Como es ampliamente conocido, dicha difusión se da a través de diversos canales, tales como eventos académicos (seminarios, coloquios, simposios, congresos), pero de manera especial a través de publicaciones, tanto impresas como digitales (libros y revistas, principalmente).
En cuanto a estas últimas, las publicaciones del IIJ, en la actualidad sería imposible hablar de su difusión sin referirnos a la Biblioteca Jurídica Virtual (BJV). Este portal de Internet se ha convertido en el escaparate de las publicaciones generadas por el Instituto. Fue en 2001 cuando en el IIJ se implementó la tecnología necesaria para la difusión de las obras del IIJ vía Internet. Así, hace ya casi 25 años asistimos a la fundación, inauguración y puesta en marcha, que desde entonces ha sido una herramienta fundamental para la difusión del conocimiento jurídico desarrollado por nuestro Instituto. La idea e iniciativa de llevar a cabo la que probablemente fue la primer biblioteca especializada en materia jurídica en la red fue de don Diego Valadés, quien con creatividad visionaria pulsó la necesidad de aprovechar la tecnología para difundir las obras y el conocimiento jurídico producido por el personal académico del IIJ y de otros autores en general. Desde entonces, la principal misión de la BJV era, es y ha sido acercar a los lectores, siempre de manera gratuita, las obras que el IIJ produce; por eso siempre se ha trabajado para poder aprovechar ese espacio y encontrar muchos más lectores.
Sin embargo, no fue sencillo llegar a ese momento en que se puso a disposición del público la BJV. Para entender el camino recorrido lo primero que debemos considerar es que el IIJ siempre ha tenido gran interés en cumplir su misión de difundir el conocimiento y la cultura jurídicos por todas las vías posibles en los diferentes momentos de su historia, y una de ellas a partir de cierto momento fue la digital, por lo cual siempre ha invertido recursos y esfuerzos a lo largo del tiempo para estar a la vanguardia.
Así, debemos remontarnos a la década de 1980 del siglo pasado, época en que el desaparecido Centro de Documentación de Legislación y Jurisprudencia ya había iniciado las labores de automatización y catalogación de la legislación y la jurisprudencia de nuestro país y del mundo, y ya contaba con el sistema JUS-DATA y el sistema UNAM-JURE. Digamos que a través de dichos sistemas fue que el IIJ se acercó a los procesos informáticos, que entonces se plasmaban mediante microfilmes de toda esa información.
No fue hasta 1989 cuando se visualizó la necesidad de contar con herramientas de informática que mejoraran el trabajo realizado en el IIJ. Por eso el licenciado Jorge Madrazo, entonces director del Instituto, creó el Departamento de Cómputo, cuyas funciones principales serían el “desarrollo de sistemas de cómputo, asesoría informática, mantenimiento de sistemas y administración de recursos, así como de participación en el desarrollo, difusión y estudio de la informática jurídica”.[2]
En 1990 el doctor Soberanes Fernández, distinguido director del IIJ, en su programa de trabajo recuperó la preocupación por las cuestiones tecnológicas y estableció que “debemos tener una cultura informática-jurídica dentro del Instituto, para lo cual requerimos más y mejor equipo de cómputo”.[3] Asimismo, para el área de Publicaciones también se estableció la meta de “Automatizar el proceso editorial con el propósito de hacerlo más rápido y de mejorar la presentación de nuestras publicaciones”.[4]
En el Informe de labores 1991-1992 se puede constatar que, más adelante, la administración de Soberanes continuaba prestando atención al tema e insistía en tener “como una de sus metas el automatizar los procesos editoriales”.[5] Puede decirse que en ese momento se concretó el inició de la digitalización de los procesos editoriales para el IIJ.
Es en el Informe de labores del IIJ correspondiente a 1992-1993 que podemos percatarnos que el Departamento de Cómputo se transformó en Departamento de Informática Jurídica.[6]
En el cuarto informe de labores del doctor Soberanes, correspondiente a julio de 1993-junio de 1994, se asienta que desde 1993 el Instituto ya se encontraba en plena automatización con el uso de 162 equipos de cómputo, de los cuales 91 ya estaban conectados mediante una red interna. En cuanto a los procesos editoriales, se señala que ya se habían automatizado por completo y que la mayoría de los libros se habían elaborado en computadora (en ese entonces 44).[7]
Para ese momento, los medios y soportes electrónicos se habían convertido en conductos esenciales para difundir el conocimiento en general y el conocimiento e información jurídica en particular; era inminente la necesidad de difundir a través de Internet el conocimiento jurídico creado por el IIJ.
En abril de 1995 se instaló el primer servidor web del IIJ, lo cual permitió la apertura al público de la página de Internet del Instituto, en donde se ofrecía información jurídica, referencias académicas de los investigadores, la Constitución de México y de los estados, así como el sistema UNAM-JURE, y ya se trabajaban el catálogo de publicaciones, las Constituciones latinoamericanas, avances bibliográficos e información jurisprudencial.[8] A partir de ese punto el IIJ desarrolló la página de Internet que le permitió tener presencia en los medios electrónicos. A través de ella, el público pudo saber y tener acceso a la información y servicios que proporcionaba: eventos académicos, catálogos bibliográficos, servicios de biblioteca, etcétera.[9]
Pasaron seis años de evolución y trabajo del IIJ encaminado a difundir conocimiento en redes y llegó el momento en que el doctor Valadés concibió la idea de difundir la producción editorial del IIJ en Internet. Después de explorar distintas posibilidades para elaborar el portal, el doctor Valadés contactó a funcionarios de la entonces Dirección General de Cómputo Académico para realizar las primeras tareas con ese objetivo; pero la colaboración no próspero, pues aunque en esa entidad mostraron mucha disposición y entusiasmo, no captaron la necesidad específica que el IIJ tenía en ese momento, además de que en dicha colaboración se presentaron diversas limitaciones y problemas de procedimiento y logística.
El doctor Valadés valoró y consideró que la tarea podía ser efectuada de manera totalmente interna e independiente y encomendó el diseño y elaboración del portal a las áreas de Informática y Publicaciones. Después de un análisis rápido, de evaluar los requerimientos técnicos y tiempos necesarios, así como considerar los aspectos gráficos, técnicos, informáticos y de cómputo, y de revisar los aspectos editoriales y de procesamiento de las obras, se determinó que era posible trabajar de manera ardua y dedicada para que el IIJ pudiera abrir el portal utilizando sus propios medios. De tal modo, el 5 de septiembre de 2001 se inauguró el portal de BJV del IIJ.[10] Se dio la apertura con 300 ejemplares del acervo de publicaciones del IIJ, con la idea de que una vez puesto en funciones, a partir de ahí no se dejara de incorporar obras del IIJ o de otras entidades.
La BJV nació en un contexto de grandes limitaciones tanto de recursos materiales como de personal, y así dio sus primeros pasos. Con los pocos recursos se estableció la ambiciosa meta de incorporar al portal por lo menos tres libros diarios; es decir, quince a la semana, para darle movimiento y dinamismo al sitio. Digo que era una meta ambiciosa porque sólo eran dos personas dedicadas a esas tareas y había que fotocopiar, escanear, digitalizar, indexar e incorporar cada texto. Además, dichas tareas se hacían con dispositivos y programas de cómputo menos modernos; recordemos que fue hace casi 25 años. Afortunadamente los libros que se editaban y publicaban en el IIJ tenían un procesamiento más rápido porque ya todo el proceso, como pudimos constatar, se hacía en formato digital.
Para plasmar solo una anécdota, en ese entonces la conexión de las computadores era vía módem a través de una llamada telefónica, lo cual implicaba que la bajada de datos fuera muy lenta y tardada. Eso obligó a que en el área editorial se considerara de qué forma se podría avanzar. Se eligió fraccionar las obras, de modo que cada archivo que contuviera una parte del libro pudiera bajar de forma eficiente. Por ello las primeras obras que se incorporaron a la BJV están divididas en varios archivos. Cada capítulo se tenía que dividir en cuatro o más partes, de modo que cada libro se incorporaba dividido en muchos capítulos. Hoy se puede bajar un libro completo en un solo archivo de manera rápida y eficiente.
Toda vez que se cumplieron las metas establecidas, algunos meses después de la inauguración de la BJV celebramos con enorme gusto la gran cifra de mil libros incorporados.[11] Desde entonces, la Biblioteca se ha ido enriqueciendo y se hace más grande con los cientos de obras que ha publicado el IIJ más otras que recibimos y seguimos obteniendo en donación para su difusión en la plataforma.
No obstante las vicisitudes, muy rápido el espacio se convirtió en el escaparate de las publicaciones del Instituto, sobre todo porque la costumbre fue, y sigue siendo, publicar las obras en el sitio al mismo tiempo que se envían a la imprenta para su impresión en papel; es decir, desde hace muchos años el público podía acceder a las obras mucho antes de que circularan en el formato tradicional. Eso se convirtió en un logro espectacular. Tal vez hoy no se comprenda, pero en aquel momento conseguir decenas de lectores antes de contar con la obra impresa fue un gran avance en la difusión de la cultura jurídica. En la actualidad, con la tendencia a publicar cada vez más en formato digital, las obras que no se imprimen en papel son publicadas, difundidas y dadas a conocer mediante la BJV.
Considero que Héctor Fix-Fierro dimensionó y valoró la BJV como pocas personas lo han hecho después de su fundador Diego Valadés. Alguna ocasión Héctor, quien estaba en una estancia en Alemania, antes de que fuera director del IIJ, en una visita a México me comentó que la BJV le parecía una herramienta muy útil, ya que, con la información consultada de manera exclusiva en ella, había logrado escribir un artículo académico. Eso explica por qué cuando asumió la dirección del IIJ tuvo gran preocupación e interés por darle un nuevo impulso a las labores de esa Biblioteca y permitir que funcionara como área separada del área de Publicaciones. Años después, durante la administración de Pedro Salazar se consolidó y formalizó el área de BJV.
Al inicio de labores de la BJV se debatió a nivel de Comisión de Biblioteca y Consejo Interno si era conveniente cobrar por el acceso a la Biblioteca o si por lo menos debía solicitarse una cuota de recuperación. Afortunadamente prevaleció el espíritu universitario que aboga y abogó por la gratuidad. El argumento fue simple y directo, se trata de una biblioteca no de un portal de ventas o tienda electrónica. No obstante, por una cuestión de salvaguardia de derechos autorales, se decidió colocar los textos con candados para deshabilitar la opción de imprimir. Años después la Comisión Editorial del IIJ tomó la decisión de que se quitaran esos candados para que el conocimiento generado por el Instituto y plasmado en las publicaciones estuviera en el formato open access, es decir, en acceso libre y gratuito.
Hoy es innegable que la BJV es una plataforma en la que se pueden difundir de manera inmediata las obras publicadas por el IIJ. El procedimiento es eficiente, veloz y permite cumplir con la finalidad de difundir la cultura jurídica de manera oportuna y gratuita. Tan sólo recordemos lo que ocurrió durante la pandemia. Durante un año más o menos, no hubo manera de imprimir libros en papel por el cierre de las imprentas en el mundo. El Instituto no dejó de publicar sus obras a través del portal de la BJV. Esta Biblioteca fue el medio por el cual el IIJ no detuvo la difusión de su actividad editorial. En los hechos, durante el primer año de pandemia el Instituto supo afrontar el reto con grandes resultados difundió y publicó, a través de la BJV, la misma cantidad promedio de libros que en cualquier año de actividades normales.
Inaugurar la BJV y ponerla a disposición de estudiantes, profesores, investigadores y público en general fue un gran acierto y producto de una tarea ardua que hoy se continúa con dedicación y esmero, pero no hubiera sido posible sin la iniciativa, idea, interés y apoyo de su fundador Diego Valadés, quien tuvo la visión en el momento justo de impulsar las labores que la hicieron posible. Es cierto que la BJV es la cristalización de los esfuerzos que durante años el Instituto desplegó para poder difundir en redes, pero sin la creatividad de don Diego no habría sido posible.
No me resta más que invitar a los amables lectores a visitar la página de la BJV (https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv) para disfrutar de la lectura de importantes y valiosos textos jurídicos.
[1] Algunos fragmentos de este texto se tomaron de un escrito anterior titulado, “Área editorial y Biblioteca Jurídica Virtual, un binomio exitoso”, que se publicará en la obra Experiencia jurídica. 85 años de Investigaciones Jurídicas.
[2] “Evaluación de las labores realizadas por el Instituto de Investigaciones Jurídicas durante 1989”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, nueva serie, año XXIII, número 67, enero-abril de 1990, p. 384. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/2714/2970
[3] “Plan de trabajo del Instituto de Investigaciones Jurídicas para el cuatrienio 1990-1994, que presenta a la comunidad del mismo, su director, el doctor José Luis Soberanes Fernández”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, nueva serie, año XXIII, número 69, septiembre-diciembre de 1990, p. 1253. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/2794/3050
[4] Ibidem, p. 1251.
[5] “Informe de actividades del director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, correspondiente al periodo 1 de agosto de 1991 a 31 de julio de 1992”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, nueva serie, año XXV, número 75, septiembre-diciembre de 1992, p. 1069. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/3030/3285
[6] “Informe de actividades del doctor José Luis Soberanes Fernández, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, correspondiente al periodo 1 de agosto de 1992 al 31 de julio de 1993”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, nueva serie, año XXVI, número 77, mayo-agosto de 1993, p. 788. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/3127/3474
[7] “IV Informe de actividades del doctor José Luis Soberanes Fernández, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, correspondiente al periodo anual de julio de 1993 a junio de 1994 y al cuatrienio 1990-1994”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, nueva serie, año XXVII, número 81, septiembre-diciembre de 1994, pp. 984 y 980 respectivamente. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/3312/3794
[8] “Informe de actividades del doctor José Luis Soberanes Fernández, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, correspondiente al periodo julio de 1994 a junio de 1995”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, México, nueva serie, año XXVIII, número 83, mayo-agosto de 1995, p. 923. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/3382/3928
[9] Con el tiempo y por las necesidades de difusión de actividades académicas del IIJ, el área de Informática evolucionaría y años más tarde de ella se desprenderían dos áreas: Eventos y Difusión, para posteriormente dar paso a las coordinaciones que hoy conocemos: Coordinación de Desarrollo Tecnológico y Coordinación de Eventos y Difusión Académica. Ambas son fundamentales en los quehaceres académicos del IIJ. La primera da soporte y mantenimiento a la página de Internet, así como soporte y servicio informático a todo el Instituto, la segunda es esencial en la organización, transmisión, grabación y difusión de los eventos académicos. Incluso es responsable de una magnífica Videoteca jurídica Virtual, que ya celebró más de quince años de existencia.
[10] Dato tomado del portal de la BJV, “Sobre la biblioteca Jurídica Virtual”. https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv
[11] En la actualidad puede leerse en contador de la propia página que la cantidad de libros asciende a 6824 y la cantidad de visitas desde su inauguración es de 107,584,720; es decir, un promedio de más de cuatro millones trescientos mil visitas por año (https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv, datos tomados el 8 de septiembre de 2025).
Hechos y Derechos, vol. 17, núm. 92, marzo-abril de 2026, es una publicación bimestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México, por medio del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C.P. 04510, Ciudad de México, Tel. (52) 55 56 22 74 74, https://blog-revistas.juridicas.unam.mx/hechos-y-derechos/. Editor responsable Imer Benjamín Flores Mendoza. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04-2014-052217121400-203, otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, ISSN (versión electrónica): 2448-4725. Responsable de la última actualización de este número: Coordinación de Revistas del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ricardo Hernández Montes de Oca, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Ciudad de México, fecha de la última modificación: marzo de 2026.
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