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“En tanto que permanezca el mundo,
No acabará la fama y la gloria de México-Tenochtitlan”.
Memoriales de Culhuacán
En México, durante 2025 celebramos los 700 años de la fundación de Tenochtitlan (1325). La fecha exacta es motivo de polémica, pero instituciones como el gobierno de Ciudad de México, la UNAM y El Colegio Nacional organizaron distintas actividades para recordar y reinterpretar una fecha que es altamente significativa para el pueblo mexicano. El legado cultural de los mexicas es inmenso y se ha ido redescubriendo a lo largo de los siglos XVIII a XXI. Este artículo aborda elementos significativos de la fundación de la capital del reino azteca, y el conjunto de descubrimientos que los arqueólogos han hecho en décadas recientes permitiendo que podamos afirmar que está renaciendo la cultura del llamado Pueblo del Sol.
Hay controversias sobre el mes exacto, porque estudiosos de diferentes disciplinas en la actualidad buscan conocer la veracidad de la información que tenemos a través de crónicas de historiadores novohispanos —como Chimalpain y Alvarado Tezozómoc— sobre los inicios de la ciudad que se convirtió en el centro de poder político del mundo indígena en el siglo XVI. De acuerdo con datos aportados mediante la arqueoastronomía, hipotéticamente la fundación ocurrió en abril o mayo de 1325, toda vez que en ese momento hubo un eclipse solar y que probablemente los mexicas lo percibieron como una señal para establecer el reino que les había ordenado construir el dios Huitzilopochtli.
Esta deidad representaba al sol y la guerra. Quizá por ello los mexicas crearon un relato simbólico a partir del fenómeno astronómico. Hay más uniformidad de opiniones en cuanto a que fue en 1325 cuando se realizó la fundación, ya que la Crónica Mexicáyotl así lo refiere. Este importante texto lo escribió en 1609 Fernando de Alvarado Tezozómoc, nieto del tlatoani Moctezuma II (o Moctezuma Xocoyotzin).
Los comienzos de Tenochtitlan fueron muy humildes, al igual que el primer templo que erigieron a Huitzilopochtli, pues los mexicas eran un pueblo sometido al señorío de Azcapotzalco, del cual se liberarían posteriormente y lo dominarían. Tezozómoc narra que, en esa etapa, en la isla después llamada Tenochtitlan, había una gran cantidad de aves de diferentes especies; pero no que los fundadores hallaran específicamente un águila comiendo algún ofidio.
La imagen que hoy aparece en nuestro escudo nacional es la fusión de varios relatos —como el del corazón de Cópil relacionado con las tunas y nopales— que provenían desde los tiempos del peregrinar azteca iniciado en Aztlán. Por eso, observamos en los gráficos de los códices novohispanos que hay variantes como en el Códice Florentino, terminado en 1565 y hecho bajo la supervisión de fray Bernardino de Sahagún, donde un pájaro es el manjar que come el águila. Fue en 1587, a través del Códice Durán, donde se difundió la imagen del águila apresando la serpiente.
La modesta aldea logró transformarse en una gran ciudad gracias a las habilidades e ingenio de los mexicas. Tenochtitlan creció con la creación de chinampas empleadas para sembrar plantas comestibles. Entre 1427 y 1433 los reinos de Tacuba, Texcoco y Tenochtitlan formaron la Triple Alianza y con ello cayó Azcapotzalco, y se inició el despegue de la cultura azteca. El motor de esa expansión fueron las ideas religiosas de los aztecas, pues como hizo notar el arqueólogo Alfonso Caso, se sentían destinados a auxiliar a sus dioses para que el universo siguiera funcionando.
En 1521, después de la captura del tlatoani Cuauhtémoc, los invasores españoles comenzaron a destruir el conjunto de monumentos y esculturas ubicadas en el centro de Tenochtitlan, con la finalidad de exterminar los símbolos del poderío indígena y erradicar las prácticas religiosas que los europeos consideraban paganas. Sobre esos monumentos construyeron los edificios que en adelante albergarían las principales instituciones políticas y religiosas de la Nueva España.
Todo hubiera hecho predecir la muerte eterna de la cultura mexica; pero en el siglo XVIII salieron de la tierra, por trabajos de renovación de la infraestructura urbana, algunos monolitos creados por “el pueblo del sol”, como de la Piedra del sol (calendario azteca), Coatlicue (1790) y la Piedra de Tizoc (1791). Es un hecho significativo que la representación de Coatlicue volvió a ser enterrada por órdenes de las autoridades porque la colocaron en las instalaciones de la Universidad y los indígenas entraban en el recinto para ofrendarle flores.
Ello era una manifestación de que, a pesar de la labor evangelizadora realizada durante dos siglos, no había logrado extinguir la devoción de los naturales a las ancestrales figuras religiosas de los mexicas. Fue tras la consumación de la independencia que Coatlicue volvió a exhibirse y desde 1964 ocupa un sitial de honor en el Museo Nacional de Antropología. En el mismo recinto está el Teocalli de la Guerra Sagrada, descubierto en el Palacio Nacional, y cuyos primeros estudios estuvieron a cargo del arqueólogo Alfonso Caso. Este monolito representa una pirámide con una capilla en su cúspide; tiene labrado el glifo 2 caña, lo que ha llevado a pensar que se manufacturó en 1507.
Pero el resurgimiento de la ciudad fundada en marzo de 1325 ocurrió a partir del 21 de febrero de 1978, con el descubrimiento de la representación de la diosa Coyolxauhqui (hermana de Huitzilopochtli) que provocaría el rescate del Templo Mayor de los aztecas. Este hallazgo motivó la ampliación de las excavaciones y a crear un espacio especial para ser exhibidas públicamente. El Museo del Templo Mayor abrió sus puertas en 1987 y actualmente cuenta con ocho salas. Es un museo de sitio; el diseño arquitectónico estuvo a cargo de Pedro Ramírez Vázquez. El recinto alberga tanto las dos esculturas monumentales (más adelante hablaremos de la de Tlaltecutli), como las piezas que integraban las ofrendas, los dos Guerreros águila, entre otras obras escultóricas.
El arqueólogo Eduardo Matos comprendió la necesidad de ensanchar el radio de exploraciones porque, a través de las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún (siglo XVI), sabíamos que era muy extenso el espacio sagrado de los mexicas. Por ello, Matos Moctezuma instituyó el Programa de Arqueología Urbana, en 1991, que está a cargo del Proyecto Templo Mayor. El 2 de octubre de 2006 ocurrió el descubrimiento, bajo el suelo de la llamada Casa de las Ajaracas —ubicada en Guatemala y Argentina— de una monumental escultura (sus medidas originales fueron 4.17 x 3.62 x 0.37 metros y pesaba más de 12 toneladas), identificada como una representación de Tlaltecutli (diosa de la tierra), misma que conserva parte de sus colores originales, la cual fue trasladada en 2010, y actualmente pude admirarse en el Museo del Templo Mayor.
Por el considerable hundimiento que ha tenido la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emprendió un conjunto de adecuaciones arquitectónicas que permitieron al Programa de Arqueología Urbana realizar labores de salvamento. Entre los hallazgos sobresalen estructuras que correspondieron al Juego de Pelota azteca, y representaciones de los dioses Ehécatl, Huhuetéotl y Xochipilli. También hallaron piezas de cerámica tolteca, de Tula.
Asimismo, entre 2007 y 2008 en la sede del Centro Cultural de España —Donceles 18— el Programa de Arqueología Urbana intervino porque dicho Centro deseaba ampliarse en un predio contiguo, lo que dio como resultado el descubrimiento de varias estructuras prehispánicas que formaron parte del Calmécac, recinto en el que recibían educación los hijos de los nobles mexicas. También hay una escalinata del Templo Mayor (del siglo VII). El fruto de estas excavaciones fue la creación de un museo de sitio que consta de 87 piezas halladas en el inmueble, entre las que destacan representaciones de los dioses Ehécatl (dios del viento) y Mixcóatl (serpiente de nube).
La celebración del séptimo siglo de la fundación de Tenochtitlan ha propiciado el interés de grandes sectores por el estudio de la historia de una de las raíces que ha conformado el México contemporáneo. Arqueólogos e historiadores continúan haciendo hallazgos sobre la civilización que se asentó en el Valle de México y revisando las fuentes documentales prehispánicas y coloniales para contrastarlas con los descubrimientos arqueológicos. El respaldo de las autoridades federales y de Ciudad de México ha contribuido para que se realicen y difundan estas investigaciones. Con ello, tiene cumplimiento la normatividad sobre protección de monumentos arqueológicos, la cual ordena que en todas las obras de restructuración o modificación de inmuebles del Centro Histórico intervenga el INAH para realizar el rescate arqueológico.
En el plano de interpretación sociológica observamos que las raíces culturales persisten en el tiempo, aunque sus manifestaciones sean reprimidas y ocultadas para luego poner sobre ellas otras que corresponden a los grupos de poder político y/o económico. Ese es el caso de la cultura mexica que fundó la Ciudad de México-Tenochtitlan.
Barrera Rodríguez, Raúl, “Centro Cultural de España en México. Vestigios prehispánicos”, Arqueología Mexicana, número especial 79, México, abril de 2018, pp. 48-51.
“La Luna cubrió el Sol en 1325: señal de la fundación de México-Tenochtitlan”, UNAM Global, México, UNAM-Dirección General de comunicación Social, 18 de julio de 2022.
López Luján, Leonardo, Tlaltecutli, México, CONACULTA; INAH, 2010.
Matos Moctezuma, Eduardo, Los dioses que se negaron a morir. Arqueología y crónicas del Templo Mayor, México, Secretaría de Educación Pública, 1986.
Matos Moctezuma, Eduardo, Hinojosa, Francisco y Barrera, Álvaro, “Excavaciones arqueológicas en la Catedral de México”, Arqueología Mexicana, núm. 31, mayo-junio de 1998, pp. 12-19.
Tena, Rafael (paleografía y traducciones), Mitos e historias de los antiguos nahuas, México, Conaculta, 2011.
Hechos y Derechos, vol. 17, núm. 92, marzo-abril de 2026, es una publicación bimestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México, por medio del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C.P. 04510, Ciudad de México, Tel. (52) 55 56 22 74 74, https://blog-revistas.juridicas.unam.mx/hechos-y-derechos/. Editor responsable Imer Benjamín Flores Mendoza. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04-2014-052217121400-203, otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, ISSN (versión electrónica): 2448-4725. Responsable de la última actualización de este número: Coordinación de Revistas del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ricardo Hernández Montes de Oca, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Ciudad de México, fecha de la última modificación: marzo de 2026.
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