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La exitosa respuesta a la convocatoria lanzada por la Comisión Interna de Género del Instituto de Investigaciones Jurídicas para el número especial de Hechos y Derechos muestra el interés creciente de la comunidad sobre la cuestión de la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres. Hoy en día, el tema del género ha trascendido el campo de los estudios feministas y LGBTI+ —donde ha sido circunscrito durante mucho tiempo— para convertirse en una preocupación central para quienes tenemos una preocupación genuina para entender las dinámicas de poder, las jerarquías y violencias que atraviesan nuestra sociedad. El activismo de la sociedad civil, junto con las aportaciones de la academia, ha desvelado un universo antes invisible y naturalizado de discriminaciones y subordinaciones que ya no podemos ignorar y que nos obliga a sumarnos a los esfuerzos de transformación.
El género, de esta manera, no se reduce a una cuestión exclusivamente femenina ni de la disidencia sexual. Esta interpretación, todavía frecuente, deriva sin duda de la situación históricamente subordinada que estos colectivos han ocupado en relación con los hombres y la masculinidad hegemónica. En cambio, siguiendo a la historiadora estadounidense Joan Scott, el género debe entenderse de manera relacional. Eso significa que no puede comprenderse sin una mirada que enfatiza las tensiones entre lo masculino y lo femenino, subrayando cómo estas categorías se construyen en determinados contextos sociales, económicos, políticos y culturales y producen lógicas de poder. En este sentido, el género debe pensarse como una tensión articulada desde el poder, que se manifiesta en discursos, prácticas y creencias, que crean y configuran de manera permanente mandatos y subjetividades.
El mes de noviembre constituye una excelente oportunidad para pensar la dimensión relacional del género a partir de dos fechas claves. La primera es el Día internacional del Hombre, celebrada cada 19 de noviembre, con el propósito de fomentar la salud de los varones y avanzar hacia la transformación de las relaciones de género a partir de una reflexión sobre nuevos modelos de masculinidades basados en la empatía, la igualdad, el respeto y el rechazo a la violencia. Por otro lado, el 25 de noviembre se ha vuelto una fecha clave del calendario feminista. Desde 1999, se conmemora cada año en el marco de las Naciones Unidas para concientizar y combatir la violencia contra de las mujeres, entendida como cualquier acto que tenga o pueda tener como resultado un daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico. En la actualidad, la violencia contra las mujeres se asume como un problema estructural, que se manifiesta en múltiples dimensiones, ya sea en el ámbito público o privado, de manera física, emocional, sexual, reproductiva, económica, vicaria, para mencionar algunas.
En este contexto, ¿cómo entender la emergencia y la persistencia de esta violencia estructural y sistemática que se ejerce en contra de las mujeres y los cuerpos de la disidencia sexual? Se trata, sin duda, de una discusión amplia y siempre inacabada. En su contribución titulada “Perspectivas generacionales sobre el género”, Guillermo José Mañón Garibay propone una genealogía poco transitada del pensamiento sobre el género a partir de dos monumentos de la filosofía moderna occidental: Hannah Arendt y Walter Benjamin. Desde una mirada crítica y con un cierre sumamente provocador, plantea la hipótesis según la cual la desigualdad sexual encuentra su origen en el miedo de los varones respecto a las mujeres, especialmente, frente a su potencia reproductiva. Este texto nos provoca a repensar nuestra condición de género y las raíces más profundas de una violencia que habita nuestras vidas cotidianas.
Una modalidad especialmente grave de violencia contra las mujeres es la que examina Roberto A. Ochoa Romero con relación a las lesiones por ataques con ácido, sustancias químicas y corrosivas. Se trata de una violencia que se ensaña con particular crueldad sobre el cuerpo de las mujeres, al buscar destruir y cancelar sus rostros y órganos sexuales, como expresión extrema de control y castigo por su condición de género. Tras alertar sobre el incremento de este tipo de agresiones, el autor examina el régimen penal aplicable a dichas lesiones, enfatizando sus circunstancias agravantes debido a género y su posible calificación como intento de feminicidio. Asimismo, ofrece una valiosa reflexión en torno al derecho penal como ultima ratio, es decir, como recurso último cuando otras modalidades han fracasado.
Uno de los ejes que atraviesa los textos reunidos en este número especial es, precisamente, la preocupación en relación con el derecho como vehículo de transformación social a favor de la igualdad de género. Sin embargo, el concepto mismo de igualdad no es exento de dificultades, como muestra Ariadna Coquis Velasco en su trabajo titulado “Igualdad sustantiva, realidad o mito”. Pese a los avances que se lograron en México en materia de género —como la plasmación en 1974 de la igualdad entre hombres y mujeres en la Constitución— las cifras evidencian un incremento de la violencia hacia las mujeres. En este sentido, resulta apremiante transitar de una igualdad formal a una sustantiva, es decir, una que se traduzca en condiciones reales de oportunidades y vidas autónomas para las mujeres y otros colectivos subordinados. Este horizonte, señala la autora, no sólo requiere de disposiciones legales, sino sobre todo de una transformación profunda de la cultura patriarcal que moldea nuestras experiencias cotidianas.
La conceptualización de la igualdad constituye sin duda uno de los ejes centrales del feminismo, y ha dado lugar a un diálogo fértil entre sus diversas corrientes. En particular, destacadas voces del pensamiento feminista afroamericano, como Kimberlé Crenshaw o Loretta Ross, han mostrado que no es posible acercarnos a un concepto de igualdad, no discriminación y autonomía que sea válido para todas las mujeres sin adoptar el lente de la interseccionalidad. Este marco analítico busca visibilizar cómo distintas opresiones —el género, la raza, la clase, entre otras— se combinan entre sí para producir subordinaciones y vulnerabilidades sui generis. El trabajo de Roxana Rosas Fregoso —que explora las situaciones de violencia que enfrentan mujeres, adolescentes y niñas migrantes al cruzar la Selva del Darién— es un ejemplo desgarrador de las violencias específicas que padecen por su condición de mujeres en situación de movilidad. A partir del poderoso concepto de Rita Segato de la “pedagogía de la crueldad”, la autora muestra cómo la violencia opera como un mensaje disciplinador que recuerda constantemente a las mujeres su posición subordinada que les asigna la sociedad.
Articulado también desde una mirada interseccional, el texto de María Teresa Ambrosio Morales y Carlos Arturo Díaz Espinoza alerta sobre la situación que padecen las niñas y adolescentes indígenas en un país acechado por la desigualdad, la criminalidad y la violencia institucional. En este sentido, la mirada estadística resulta particularmente incisiva para entender el alcance de la problemática, visibilizando la interseccionalidad de vulnerabilidades y violencias que pesa sobre las infancias indígenas, en particular, sobre las niñas. Este diagnóstico nos obliga a sumarnos de manera urgente y prioritaria a la creación y consolidación de mecanismos jurídicos para asegurar a este sector particularmente vulnerable, vidas libres de violencias y opresiones.
Sin embargo, existe una ambivalencia respecto a la potencialidad del derecho como mecanismo capaz de subsanar las brechas de desigualdad que cimentan nuestro orden social y político. La aportación de Regina Martínez Zepeda, “Masculinidades judiciales: sesgos, privilegios y resistencias en la impartición de la justicia” muestra que el poder judicial dista de ser un espacio neutro, siendo, en cambio, cargado de símbolos, prácticas y discursos masculinizados. Este “patriarcado jurídico” se expresa en una estructura jerarquizada, en la valorización del distanciamiento emocional y en el uso de un lenguaje formal e imperativo. En este sentido, la autora señala con agudeza que el derecho no solo reproduce violencias, sino que también las produce. Por tanto, la transformación de nuestra disciplina debe ir más allá de protocolos y cursos obligatorios en el sistema judicial, y exige un replanteamiento del derecho: de su función, lenguaje y, sobre todo, promesa de justicia.
Esta crítica al carácter profundamente androcéntrico del derecho se extiende también a la academia legal, la cual se encuentra permeada por una cultura de la productividad, la competencia y de la exhibición del mérito individual. Si bien el rostro de la universidad ha cambiado de manera importante en los últimos años —especialmente, con un mayor acceso de las mujeres a puestos de poder, lo cierto es que no han desaparecido los dispositivos de subordinación para quienes entramos en un espacio tradicionalmente habitado por varones. Asimismo, en esta estructura institucional que sigue percibiendo a las mujeres como intrusas, el texto de María de Jesús Medina Arrellano titulado “Flotar entre generaciones: justicia académica en la Universidad” cuestiona los sistemas de evaluaciones de productividad y muestra la sospecha que pesa sobre las mujeres, especialmente las más jóvenes, terminando por atrasar y mermar las trayectorias personales. Esta discusión, que no puede seguir postergándose, debe abordarse desde la perspectiva de las interseccionalidades múltiples y mostrar cómo la articulación entre género, raza, clase, edad y cargas de cuidado opera como un poderoso determinante del éxito o por el contrario del rezago académico.
Ahora bien, otra preocupación que aparece de manera nítida en las contribuciones es el significado de la masculinidad en sociedades estructuradas por el género. En “El avance sustantivo de las mujeres en México y el reconocimiento de las nuevas masculinidades, María del Pilar Hernández articula de manera rigurosa los progresos en materia de igualdad sustantiva con la emergencia de nuevas formas de replantar el papel de los hombres en la vida social. Al mismo tiempo, señala las tensiones ideológicas, resistencias culturales y limitaciones institucionales que profundizan la brecha entre el reconocimiento formal y la experiencia real de los derechos humanos. Advierte también las problemáticas propias del movimiento feminista —desde la domesticación de su narrativa en el ámbito institucional hasta su posible fragmentación identitaria—. De esta manera, sostiene que la transformación social requiere el fortalecimiento de un diálogo crítico, plural y corresponsable entre mujeres y hombres, para modificar profundamente las desigualdades que siguen atravesando sus relaciones.
La cuestión de las resistencias frente al avance de las narrativas feministas resulta también fundamental en el texto “Resistências à ¿crise da masculinidade?” de Nayive Castellanos Villamil. En él, la autora analiza cómo la politización de lo sexual en las últimas décadas ha cristalizado tensiones y resistencias que surgen ante la percepción de amenazas a un orden social simbólico, expresadas, por ejemplo, en la lucha en contra de la llamada “ideología de género”. En este sentido, emergen fenómenos de repliegue en torno a los atributos tradicionales de la masculinidad desde la autoridad —el privilegio, la fuerza y el control— frecuentemente alimentados por visiones conservadoras y excluyentes de la religión. En este sentido, el texto nos interpela sobre nuestro modelo de Estado laico, que puede ser un dique a las expresiones más extremas de hegemonías masculinas, y un espacio hospitalario para los derechos de las mujeres.
Este diagnóstico sobre quiebre y reconfiguración violenta de los modelos tradicionales de género dialoga estrechamente con la aportación de Juan Carlos Melo Jiménez, titulado de sugestivamente “La sociedad sin espejo: el vacío masculino en tiempos de empoderamiento femenino”. Este texto explora las inquietudes de los hombres frente a las nuevas narrativas de igualdad, traduciendo sentimientos de soledad y desorientación ante los profundos cambios que ha conocido México en las últimas décadas. Sugiere que, de la misma manera que no se nace mujer, sino que se llega a serlo, lo masculino debe entenderse también como un constructo social articulado por estereotipos y mandatos que producen determinados discursos, subjetividades y prácticas. Reconocerlo constituye, por lo tanto, la primera etapa para imaginar “una masculinidad empática, responsable, capaz de convivir con la fuerza del feminismo sin sentirse amenazada por él”. Concluye que ello exige un esfuerzo colectivo e interdisciplinario, que no debe limitarse a la academia sino permear todas las esferas de la vida social.
Esta masculinidad en crisis se expresó de manera dramática en nuestra propia casa de estudios hace apenas unas semanas, con el asesinato de un joven universitario a manos de un compañero adoctrinado por el discurso de la victimización masculinista violenta. El texto “Los incel: un llamado urgente a redefinir masculinidades” de Daniel Alejandro Solano Moreno, analiza lo ocurrido en el CCH Sur como punto de inflexión que debe comprenderse a la luz de determinadas condiciones históricas, educativas y simbólicas y como la consecuencia radical de una socialización de los varones basada en la conquista, la dominación y la autosuficiencia. En este escenario, la violencia se convierte en el único recurso para recuperar un poder disputado por el empoderamiento de sectores tradicionalmente subordinados. El autor concluye señalando que la Universidad constituye un espacio estratégico de transformación, al estar en contacto directo de las juventudes y al contar con las herramientas necesarias para transformar los marcos de conocimientos y espacios de convivencia.
La lectura de la universidad como espacio idóneo de transformación y la conciencia crítica es compartida por Hilda Adriana A. Jiménez García en su contribución “Transversalizando la perspectiva de género en la FCPyS (2024-2025): avances hacia la igualdad sustantiva”. Su texto nos ofrece un recuento de las estrategias implementadas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, articuladas como un esfuerzo conjunto entre el estudiantado y las autoridades universitarias. La autora presenta cómo la estrategia integral en materia de género ha ido más allá de protocolos, planes de estudio y talleres, para asumirse como un espacio de imaginación y creatividad. Este testimonio es particularmente valioso, al compartir una experiencia exitosa de diálogo, colaboración y buenas prácticas que han permitido repensar una infraestructura universitaria orientada a la inclusión, la igualdad y los cuidados mutuos.
Precisamente, el paradigma de los cuidados aparece como una propuesta integral que nos permite imaginar espacios más empáticos e incluyentes tanto en las comunidades universitarias como en la sociedad en general. En este sentido, el artículo de Mauricio Padrón Innamorato y Nina Castro Méndez, “El derecho al cuidado: una oportunidad para el desarrollo de sociedades más justas” constituye una contribución valiosa a la discusión. Recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió la Opinión Consultiva 31/25 que abre nuevas potencialidades jurídicas al reconocer un derecho al cuidado que se expresa en tres dimensiones: el derecho al cuidado, a ser cuidado y al autocuidado. En su texto, las personas autoras señalan que el cuidado no puede reducirse a lo material, sino que tiene una dimensión emocional con alto potencial para transitar hacia nuevos horizontes de justicia social. Los cuidados, asimismo, nos invitan a alejarnos de biologismos y esencialismos y a reinventarnos desde la empatía, la redistribución del trabajo en sus múltiples formas, desde un cuestionamiento profundo de nuestras identidades sexuales y de género.
Sin dejar de considerar la evolución histórica de los derechos de las mujeres y la igualdad de género en México, abordado por Imer B. Flores en “Los derechos de las mujeres y la igualdad de género en México: logros y retos”, el cual destaca tanto los avances conquistados como los desafíos pendientes. Inicia por recordar la lucha de las sufragistas durante el Congreso Constituyente de 1916-1917, cuando Hermila Galindo reclamó sin éxito el reconocimiento de los derechos políticos para las mujeres, objetivo que no se materializaría sino hasta décadas después: primero en 1947 con el voto municipal femenino, y posteriormente en 1953 con el sufragio pleno en todas las elecciones. Además, identifica como hitos fundamentales la reforma constitucional de 1974 que consagró la igualdad entre hombres y mujeres ante la ley, así como las reformas de 2001 y 2011 que prohibieron la discriminación y reconocieron plenamente los derechos humanos con mayor inclusividad. Destaca particularmente la implementación del principio de paridad de género, establecido con las reformas del 2014 y 2019, cuyos resultados son evidentes en el incremento de mujeres en cargos de elección. No obstante estos logros significativos, persisten desafíos importantes para alcanzar la igualdad sustantiva.
El número especial de Hechos y Derechos fue coordinado por la Comisión Interna de Igualdad de Género (CIIG) del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Todas estas reflexiones están inscritas en una discusión más amplia. Sin embargo, reúne diversas contribuciones sobre la igualdad de género, desde una perspectiva relacional e interseccional; aborda temas que van desde las violencias específicas contra las mujeres y la disidencia sexual, la crítica al androcentrismo del Derecho y las instituciones judiciales, las crisis de masculinidad en contextos de transformación social, hasta propuestas transformadoras como el paradigma de los cuidados y la necesidad de reimaginar espacios universitarios y sociales más empáticos, incluyentes y orientados hacia la justicia social. Todo ello con el propósito de transitar de una igualdad meramente formal hacia una igualdad sustantiva que sea traducida en condiciones reales de oportunidades y vidas autónomas para todas las personas.
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Pauline Capdevielle. Representante de la CInIG del IIJ-UNAM
Hechos y Derechos, vol. 17, núm. 92, marzo-abril de 2026, es una publicación bimestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México, por medio del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C.P. 04510, Ciudad de México, Tel. (52) 55 56 22 74 74, https://blog-revistas.juridicas.unam.mx/hechos-y-derechos/. Editor responsable Imer Benjamín Flores Mendoza. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04-2014-052217121400-203, otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, ISSN (versión electrónica): 2448-4725. Responsable de la última actualización de este número: Coordinación de Revistas del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ricardo Hernández Montes de Oca, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Ciudad de México, fecha de la última modificación: marzo de 2026.
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