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La concepción del género (s) ha cambiado de generación en generación, como lo demuestra una mirada rápida sobre la historia y la historiografía. Quienes han hecho posible estos cambios (directa o indirectamente) son indiscutiblemente dos pensadores alemanes: Hannah Arendt y Walter Benjamin, quienes se han convertido en dos de los filósofos más importantes del siglo XXI. Porque en este siglo, sobre todo al momento de ser elegido D. Trump por primera vez (y se podría mencionar a populistas de toda laya, como López Obrador, en México; J. Bolsonaro, en Brasil; J. Milei, en Argentina; V. Orbán, en Hungría; G. Meloni, en Italia, etcétera), sus estudios sobre el totalitarismo populista cobran como nunca actualidad y, por eso, sus libros se venden decenas de veces más que en vida.
Arendt y Benjamin fueron prófugos del totalitarismo, ambos huyeron y se convirtieron en peregrinos sin hogar, ambos padecieron el asedio del poder sin fisuras que oprime a las minorías, ambos vivieron un mundo radicalizado que los obligó a replantearse los conceptos políticos de poder, orden y obediencia. Mientras que Arendt fue ampliamente re-conocida por su reportaje sobre el criminal de guerra Adolf Eichmann, Walter Benjamin murió prácticamente ignorado, aunque sus tesis sobre la historia y análisis sobre cómo se invisibiliza a las minorías le confieren igual renombre. Ambos marcan el fin de las utopías políticas (donde las instituciones representan el futuro de lo político), ya que, en adelante, en los tiempos sin esperanza, serán las simples interacciones personales las que definan el carácter político. Por eso, ambos autores son inclasificables, fundadores de los estudios culturales en la segunda mitad del siglo XX que arranca con la pregunta sobre la forma en que se degrada el ser humano bajo un régimen totalitario opresor, cuando la vida de grupos sociales minoritarios (entonces, los judíos; hoy, los palestinos) no está ligada al territorio ni al derecho ni a la cultura nacional. Porque ambos fueron compelidos a huir, a vivir como refugiados apátridas, desarrollando al máximo todas sus capacidades de asimilación e integración, de la misma forma como hoy día lo hacen los grupos representados por el acrónimo LGBTQ + (donde + incluye a cualquier otro en la misma situación de exclusión, invisibilización y acoso, como las mujeres).
En el caso de Hannah Arendt, su obra Elemente und Ursprünge totaler Herrschaft (1951) describe los orígenes del totalitarismo desde tres facetas: antisemitismo, imperialismo y totalitarismo, y documenta su aparición como una forma radicalmente nueva del poder, debido a las circunstancias existenciales de desamparo, desarraigo y soledad dentro del Estado nacionalsocialista alemán. La re-lectura del último tomo (i. e., totalitarismo) permite hoy día descubrir mutatis mutandis los paralelismos con la actualidad.
Si bien el totalitarismo que tiene en mente es el de Hitler y Stalin (semejantes, pese haberse enfrentado a muerte durante buena parte de la Segunda Gran Guerra), sus reflexiones ayudan a entender la actualidad de los gobiernos totalitarios-populistas en México y el mundo, porque en la propaganda de entonces como en la de ahora hay evidencia de sus mentiras reiteradas, erigidas como estrategia exitosa de comunicación, sobre todo cuando son desmedidas, porque de esa forma crean una realidad paralela que permite interpretar toda pifia como una conspiración en su contra. Además de la mentira, la otra característica es el vaciamiento de contenido, el uso de ideas hueras, que paradójicamente se interpreta como libertad de pensamiento (o pensamiento libertario). Éste opera sobre todo en las campañas electorales, con el fin de sumir a la opinión pública en convulsión y zozobra. Los líderes autoritarios maniobran sin un fin político definido, ya que el fin es el propio movimiento, su avalancha de reformas y promulgaciones de leyes y decretos sin ton ni son, siempre considerando a las minorías como sospechosas y enemigos a vencer. ¡Cómo olvidar el desprecio de López Obrador por el movimiento violeta que amenazaba con quitarle protagonismo al suyo propio, único legitimado para manifestarse!
Por el lado de Walter Benjamin, el texto a destacar es Über den Begriff der Geschichte de 1940, el cual nació del desconcierto causado por el pacto entre Hitler y Stalin (i. e., el tratado Molotov-Ribbentrop), cuando se suponía que el comunismo debía de erigirse en el contrapeso del nacionalsocialismo alemán. En 18 tesis y dos apéndices realiza Benjamin una crítica a la idea de progreso, del tiempo y a la concepción materialista de la historia, donde solamente las grandes masas organizadas llevan a cabo el inexorable cambio social, dejando fuera a los pequeños grupos y sus legítimas demandas.
Y es aquí donde hay que detenerse, porque, con relación a la historia y la historiografía, surgió en 1929 la escuela Annales de Marc Bloch y Lucien Febvre, que pretendió cambiar el modo de entender la historiografía y el quehacer de la historia. En ese tenor, a principio de los años noventa, G. Duby y M. Perrot publicaron la Historia de las mujeres en Occidente, lo que dio lugar a otros muchos estudios semejantes, en otros muchos centros de investigación en el mundo, como el INEHRM en México, que también publicó su respectiva historia de las mujeres en México (v., https://www.inehrm.gob.mx/es/inehrm/Historia_de_las_Mujeres_en_Mexico_libros#:~:text=Los%20rostros%20de%20la%20rebeldía,éxito%20de%20la%20lucha%20revolucionaria) y cometiendo el mismo error de sus ascendientes, a saber: invisibilizar el problema del género, de los géneros (en plural), de las minorías, de la asunción acrítica de aquello que se entiende por mujer y hombre (varón), eludiendo o invisibilizando todas las posibilidades de ser uno u otro o de encarnar alguno de sus múltiples matices y posibilidades.
La oposición binaria masculino-femenino ha resultado útil en la distribución del trabajo (familiar/social), en definir el carácter de lo público/privado, aquello que es de interés personal o general, por tanto, aquello que goza de permisibilidad y tolerancia frente a la prohibición estricta y control estatal. El error de la escuela Annales (y herederos) fue dar por sentado el género y reducir lo social a lo biológico, cuando es necesario definirlo y aclararlo en una “genealogía del género” a través del tiempo. A lo largo de los cinco tomos de su Historia de las mujeres en Occidente, nunca se detienen los autores a aclarar qué es el género, qué significa y ha significado ser mujer vs. hombre, por qué se ha entendido de un modo y no de otro.
¿Cómo pudieron los grandes historiadores de entonces y ahora cometer esa pifia y dar por sentado el problema del género? Se pueden ensayar muchas respuestas, que rozan el problema de la diferencia hombre/mujer como “dialéctica del amo y el siervo” (v., G. W. F. Hegel, Phänomenologie des Geistes). Yo ensayaré ésta que, por su brevedad, dejará insatisfecho a más de uno. Primero: Irene Vallejo redactó un artículo periodístico (véase El País, “La era de la ira”, 7/07/2023) donde destaca la ira o cólera humana como motor de su quehacer. Como prueba, ella se remite a los orígenes de la literatura occidental, que comienza rabiosa, con la primera palabra de la Ilíada: “cólera”. Homero invoca en la Ilíada a la ira por la ofensa que hiere y hierve (sic), y de allí Vallejo asienta que en el mundo de los hombres impera el apetito de pelea, la disposición permanente al combate, a competir violentamente por todo, por el reconocimiento y la gloria.
Sin embargo, segundo, yo afirmó que Vallejo se quedó corta, porque a la base de la cólera humana está el miedo cerval, que surge como reacción del desamparo del hombre en el mundo que habita como un extraño o extranjero (véase M. Heidegger, Sein und Zeit), y que se acrecienta ante lo desconocido, lo diferente, casi siempre exterior así mismo.
Pero, además del miedo exterior, hay otro miedo que no es exterior sino interior: el miedo que amenaza su existencia y produce el terror. Éste yace en su interior como un monstruo que lo habita y amenaza, que le resulta incomprensible, ambiguo, extraño a sí mismo, no pudiendo explicar, eludir o ignorar su presencia. Ese miedo ha recibido muchos nombres: hybris, para los griegos; inconsciente, para los freudianos; concupiscencia, para los cristianos, etcétera. ¿En qué consiste su amenaza? En hacer perder el control al hombre, en hacerlo abandonar el equilibrio, el justo medio, la mesura, el recato, la templanza. La mujer del Génesis se lía a la serpiente (despierta la concupiscencia humana) y engañan al hombre para faltar y violar la ley, hasta su postrimera perdición.
Tercero, los antropólogos se han preguntado hasta el hastío por qué, a partir del dismorfismo sexual, se ha considerado la diferencia femenina como una razón de su inferioridad frente al hombre. Si en un principio, en las sociedades de cazadores y recolectores, hombre y mujer eran iguales, por qué con la agricultura y el sedentarismo surgió la convicción de la inferioridad femenina; sobre todo, tomando en cuenta la fascinación primitiva por el alumbramiento, por la capacidad de parir o dar vida, exclusiva de la mujer y manifestada artísticamente en las primeras esculturas humanas de la historia: las Venus paleolíticas. La respuesta es el miedo que define existencialmente al hombre, i. e., su forma de estar en el mundo. Y si se objeta que hubo una era ideal (o real) del matriarcado (véase J. Bachofen, das Mutterrecht), donde no sólo había igualdad entre hombre y mujer sin temor ni temblor (v., S. Kierkegaard, 1843, Furcht und Zittern), sino que el orden social lo precedía la mujer, entonces es necesaria una variable más: la propiedad privada, como responsable y desencadenante de ese miedo cerval.
Ya J. J. Rousseau, en su obra de juventud, Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres de 1755, mencionaba que en el instante en que un hombre colocó una cerca en un terreno y dijo “esto es mío”, comenzaron las diferencias y rivalidades entre los hombres, sobre todo, entre el hombre y la mujer. Porque, como dice la antropóloga británica Mary Douglas (1970) en Natural Symbols: Explorations in Cosmology, los límites del territorio, simbolizado por el “cuerpo social”, se definen desde el cuerpo real-material, y éstos son los que sirven de entrada y salida: la boca y el ano. Quien se erige en propietario y ejerce su dominio, usa a su antojo ambos. No es de sorprender —dice Douglas— que los señores Pater familias fornicaran a su antojo con sus subordinados por ambos orificios, como prueba de su dominio sobre el territorio, tanto sobre el cuerpo social como sobre el cuerpo real-material.
Entonces, al ser Eva responsable de la pérdida del autocontrol varonil, y de estimular el temor concomitante, no es de sorprender que éste aumente cuando se subvierte el orden y se pone en juego tanto el cuerpo real-material como el todo social. La pérdida resultaría inconmensurable y el miedo insoportable. Así se explica por qué hay que hacer de Eva el chivo expiatorio para conjurar el mal del mundo (véase R. Girard, 1982, El chivo expiatorio).
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Texto original e inédito para el número especial de la Revista Hechos y Derechos con motivo de la conmemoración del 19 de noviembre, Día Internacional del Hombre; y del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres
Dr. Guillermo José Mañón Garibay. Investigador Ord. de Carrera, Titular A, T. C. en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Hechos y Derechos, vol. 17, núm. 92, marzo-abril de 2026, es una publicación bimestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México, por medio del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C.P. 04510, Ciudad de México, Tel. (52) 55 56 22 74 74, https://blog-revistas.juridicas.unam.mx/hechos-y-derechos/. Editor responsable Imer Benjamín Flores Mendoza. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04-2014-052217121400-203, otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, ISSN (versión electrónica): 2448-4725. Responsable de la última actualización de este número: Coordinación de Revistas del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Ricardo Hernández Montes de Oca, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Ciudad de México, fecha de la última modificación: marzo de 2026.
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